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La tarde dentro de la oficina era como cualquier otra, pero el no. Afuera el horizonte pintaba una paleta de tonos cálidos desde los amarillos y naranjas hasta fundirse con el cielo que el día de hoy había sido maravillosamente azul.

Hoy había decidido, llevado por un impulso repentino, salir temprano de la oficina y cargaba por dentro un sentimiento de arrepentimiento, como si salir antes de que hubiera oscurecido fuera algo terrible y ruin, casi una traición para su empresa.
Mientras manejaba decidió llevar la ventana abierta. Qué importaban los asaltos la violencia y la contaminación; la necesidad era de libertad, de correr, de huir. Durante la larga y como siempre aburrida junta el había estado ausente por completo, cosa que nadie había notado ya que de todas formas todos jugaban con el twitter en su teléfono, checaban su correo o simplemente miraban al vacío.
Sin embargo esa ausencia no lo había llevado lejos como otras veces que pensaba en el fin de semana, en esta ocasión viajó hacia adentro y como pocas veces se atrevió con sinceridad a evaluar su vida.
Apenas y cargaba a estas alturas de su vida con pedazos de sueños rotos ,  como el carro aquel que siempre soñó tener sólo que ahora ya tenía sus seis años de usado y muchos kilómetros; los demás sueños que tenía cuando era joven y estaba en la universidad por más que se esforzó no pudo ni siquiera recordarlos.
Y las responsabilidades, -carajo- cuántas obligaciones y compromisos cargaba: muchas, muchísimas más que los sueños que pudo recordar. Ese miedo, había provocado una reacción instintiva por huir. Pero ¿cómo?, ¿cómo recuperar la libertad, cómo soñar de nuevo los sueños bellos, cómo replantearse su vida?
Por más que imaginaba no podía vislumbrar un futuro mejor y menos en este México de hoy, tan terrible, tan violento, tan corrupto. Pensó entonces en el extranjero, al fin y al cabo hablaba perfectamente inglés. Recordó entonces que hacía algunos meses lo habían invitado a un proyecto en el extranjero, un proyecto universitario donde sería maestro, allí tendría tiempo para pensar y replantearse su vida. Estaba decidido, mañana mismo presentaría su renuncia y se dedicaría a preparar todo para emprender una especie de sabático y darse la oportunidad de recomenzar.
Cuando volvió a la realidad, se dio cuenta que con el tráfico había avanzado en realidad poco, pero no importaba, pronto toda esta locura, que la mayoría soportaba de manera automática casi como robots, quedaría atrás para siempre.
Decidió entonces que era tiempo de cerrar el vidrio, ya casi había oscurecido. En eso escucho rechinar llantas, gritos y algo parecido a cohetes, de pronto sintió un dolor agudo y algo que lo mojaba y quemaba en el pecho, se sintió débil y alcanzó a mirar su pecho había sangre por todos lados y se quedó dormido. Murió antes de llegar al hospital. Había sido un fuego cruzado donde al final los malos habían huido entre el tráfico.
Al día siguiente en los pasillos de su empresa, que había sido su trabajo por quince años apenas alguien comentaba lo sucedido, casi sin mencionarlo a el. Hablaban de lo mal que está México y no solo eso sino que la Selección Nacional ante Argentina francamente ni por error calificaría.